jueves, 16 de mayo de 2019

Al otro lado de Somosierra

No hay otra: Esto es lo que me gusta; Hoy, vivido de forma diferente a antaño, no habría vuelto. Me habría quedado, habría seguido como hace tiempo disfrutando del campo, a través del laberinto de caminos, y de las malas y angostas carreteras por donde emociona rodar y descubrir y sumar más rincones que almacenar en la memoria. ---- y de  y de las posibilidades de ver cómo vivían antes. Me pesa ver los pueblos abandonados y aplaudo a quienes se esfuerzan por mantenerlos y buscarles otros fines para que siga yendo gente y se rehabiliten casas.---



Una mañana increíble. Pocas veces al año se dan estas condiciones:fresco por la mañana muy temprano, sin sensación de frío; Carretera limpia de vehículos, toooodo verde a mi alrededor, y a 140 en un pispas en Somosierra. ¡Hasta la autovía gusta así!







¿Y de qué iba esto? De nada, de ir a pasar el rato. Primero, se suponía que subiría el calor, por lo que no quería más que dejarme llevar hasta que me resultara incomoda la temperatura; Segundo, quería estar ante la desnuda falta de la Sierra por el lado norte, sin urbanizaciones, etc, que estropeen la panomárica; Tercero, quería ver tres cosas de las que siempre que voy al pueblo digo de ir y guardo en mi memoria. Esta torre de arriba era una de ellas.





Este sería otro de los lugares. Ahora cerrado, pero, en nada estará abierta su piscina natural y quioscos. Lugar para retirarse entre semana a relajarse y cenar al fresco. Idílico.  Le falta zona de acampada, pero, ya no sería lo mismo.



A dedo, me dirijo hacia las cuevas de Prádena. Las encuentro cerradas y tomo nota de los horarios para volver en familia.




La Senda de los Lavaderos, otra zona para ir con la bici para acá o allá; No he hecho mucho, me he encontrado en el mismo cruce en dos ocasiones, pero, me metía por todos los lugares porque todo estaba para pisarlo, disfrutarlo.  Cuesta ya no madrugar, sino ponerse en marcha, cargar los bultos, no dejarte nada y salir, pero, merece la pena.



Ermita de los Lavaderos. Y sus alrededores. En agosto no será lo mismo, a la solanera.



Ya voy camino de mi tercera motivación de hoy: el almuerzo con silla y vistas a la Sierra.





Ya esta todo hecho. ¿Y entonces? Decido tirar hacia Pedraza, a tomar una coca cola fresca. Marco Pedraza en el gps, modo bici, mapas de campo, y a ver que encuentro.




Unos bosques entre los que circulo con cuidado por los estrechos caminos, por los jabalíes, corzos, etc. Pitando de vez en cuando.




"España Vaciada" Que lástima.





¡Y!, en el barrio de la Revilla, pedazo de sorpresa abajo de las paredes rojas de piedra, la iglesia de San Juan Bautista











¡Qué lugar! De piedra que me ha dejado. Hay que saltar, y es fácil salir. Por ahí, por detrás de la 
moto.




Tras un vadeo, un poco más de camino y un buen tramo de carretera, llego a Pedraza.





Y estábamos cuatro.




Esperaba más gente, y que las cuevas hubieran abierto antes, por se San Isidro en Madrid, día en el que huimos muchos de la Capital del Reino





Y, a por la siguiente. Si, volveré, pero, repetir cuando salgo de Madrid me resulta difícil. Veremos.






Al otro lado de Somosierra from Jesus A on Vimeo.

lunes, 29 de abril de 2019

Canal de Estremera completado

Bueno, hoy he dado por zanjada la exploración de la zona, de la ruta que empecé hace unos meses. De cualquier manera, he llegado con ganas de hacer una ruta de 40 kms desde Estremera que casi me decido a hacer hoy, y que espero me ofrezca cosas que me llamen la atención.




No es imposible, supongo, pero es que hacía tiempo que no tenía una ruta que me entusiasmara tanto, larga, con avance, caminos y caminos y bonitas vistas. Hoy he visto los dos lugares que me quedaban, y recorrido el Canal de Estremera, el protagonista de esta excursión.


El siguiente paso será recorrerlo en bici, así como también hacer otra excursión con bici desde Fuentidueña, pues el tramo más bonito no es largo.




Con esos dos/tres días de lluvia que hemos tenido, el campo se encuentra de lujo, todo como esponjas que todavía guardaran agua; Todo hinchado, y con su tono de color extremo.






Aquí, un Disfrutón.




Estas deben ser las casas de los obreros de la represa que se encuentra abajo, y que se disfruta más desde la otra orilla con diferencia; De cualquier modo desde aquí ves la finca con ganado muy cuidada que, igualmente, es para disfrutar.





¿Cuándo aparece la gente por aquí? ¡Porque lo que se están perdiendo! Solito, esta vez en compañia únicamente de la Guardia Civil, subidos en un Nissan SUV, no recuerdo el nombre. Estaban en medio del camino. Me paro, les veo con un cuaderno de notas, por ahí. Les saludo, me saludan y sigo.



Tranquilo, pero, con esa conciencia de estar haciendo algo mal que nos van metiendo en la cabeza los foros con comentarios de usuarios de motos que han sido perseguidos y multados por ir por el monte, por esa legislación cada vez más rigurosa, y esos medios de comunicación que tanto nos cuentan sobre medio ambiente, multas desde un dron, etc. Total, que "¿Me siguen?" Pues no, no me siguen, y sentado en la hierba me encontrarán en una segunda ocasión, y me los cruzaré más adelante sin ningún gesto que no sea amable.

¿Habría pasado lo mismo yendo en grupo?



Al parecer, aquí debajo se encuentra una de las ciudades romanas más grandes de los descubierto sobre nuestra Piel de Toro. Pero faltan billetes. ¡Qué pena!




Sigo con las almendras saladas y los últimos sorbos de te. Y calienta el sol ya.




El sábado puse mis posaderas en una KTM 790. Quería ver de primera mano ese depósito bajo, a la altura del carter. ¡Cómo se mueve la moto! Del tamaño de la Transalp, más manejable y clarísima más segura con su ABS, el de curva, control de tracción y ..., no recuerdo que más cosas. 

¡13.000 Euros!





Ocho años. Ninguna avería. No me ha dejado tirado. ¡6.700 Euros! José me ha dejado la moto de lujo. ¡Qué suavidad! ¡Qué motor! ¡Y cómo se nota el aceite nuevo en la horquilla! Tengo moto para rato.




Un lugareño. Igual el que dio parte de haber encontrado algo romano por la zona y dio lugar a investigar la zona.




¡Qué colores!



¿Qué sería esto?



Bueno, a ver si vuelvo, a mostrarlo a algún amiguete. Porque ya me apetece cambiar o continuar de camino a Madrid; Un bucle. No se, porque llegar a Mondejar y recorrer la Vega del Tajuña por su carretera tiene también mucho encanto.

Hasta pronto.


domingo, 21 de abril de 2019

Fin de Semana Santa en bici

El recorrido realizado lo tenía en mente desde que conocí la pista y caminos de la reconocida desde bien lejos cementera de la carretera de Chinchón.




Me llamó la atención la vista tan amplia del entorno, junto con la vista del valle del Tajuña entre Morata y Perales que he recorrido por el camino y por la vía ciclista muchas veces solo, acompañado y acompañado por mi chaval.




La bajada a Perales me priva. La vista, y conducir. Además que desde ahí he descubierto rincones del pueblo y otras salidas por caminos que me han encantado, y proporcionado la ruta hasta el Canal de Estremera,




Y la idea convertida en necesidad fue la recorrer por arriba el trayecto, y volver por el Valle. Pero en bici.





Repito: tenía muchísimas ganas.



                                


Y ayer, por cosas de la vida que surgen, me quedaba prácticamente todo el día sólo en casa, con lo que, a pesar del tiempo, me he lanzado con ropa de sobra y comida a hacer la rutilla




Un éxito, la verdad. ¡Qué diferencia de hacer estos caminos con la moto y hacerlo despacio,sin casco y sin ruído!




Como había tiempo, me he entretenido en desviarme a ver cosas que desconocía, como esta fuente.


Curiosa la historia del lugar.

Seguiré con la vuelta por el camino de al otro lado del Río.




Como siempre, huertas y fincas cuidadísimas, con sus cabañas, refugios y casas prefabricadas en estado increíble, llamándome para sacar dinero y montar una para pasar los fines de semana. Será en la otra vida, pero....




Por aqui, he enconntrado un quad que creo que debiera haberse comportado de otra manera, más como quien le acompañaba detrás de él, correcto, y más aún cuando sus cuatro ruedas ocupaban todo el camino. Y es que más adelante encontraba una motofiesta de jóvencitos, que, como siempre, estaban acompañados de barbacoa, comida y bebida. Todos con moto de cross, enduro y quads.




Y claro, yendo en bici, ¡cómo cambian las cosas y qué ruido que hacen esos bichos que también monto yo!





A ver si animo a alguno y repito.

domingo, 31 de marzo de 2019

Trail por Castilla



Un gran acierto y una buena manera de aprovechar el tiempo de los fines de semana el salir los viernes y regresar el sábado para dedicar tiempo a la principal parte de tu vida.


                             

Por separado, salvo el Organizador y su compi, nos encontramos el viernes tarde noche en Atienza y alrededores los cinco Elementos. Por mi parte, al ver que no iba a ser el último en llegar, me tomé la tarde de paseo hasta allí, disfrutando del paisaje verde, de divisar las torres de las iglesias, de retirarme de la carretera para visitar la de Padilla, y de tirar unas fotos, como no.







Había que ir con mucho cuidado por temor a que algún corzo, jabalí, etc, se cruzara en la carretera, pero qué placer de paseo por esas carreteras solitarias, y qué bonita imagen al coronar la subida y divisar iluminado el castillo de Atienza, caída la noche.




Desacertado bajar por esos escalones con la moto por esa calle desde la plaza, pero, seguí las indicaciones de un aldeano que, al preguntar por el supermercado, me indicó que tirara calle abajo que “con esa moto puedes”; ¡Quién iba a pensar en escaleras! Socavones, obras, vale, pero, ¿escaleras?






Aitor se abrigaba, Juancar con su buen tono de siempre, y al poco llegó Luis, y acompañados por la oscuridad fuimos a recoger a Ricard, y de aquél pueblo a encender la chimenea, charlar, solomillo de cerdo, salchichón, y “petaca” de licor de hierbas.





Al día siguiente, desayunamos, charlamos y seguimos órdenes de Juancar. Luis haría turismo con su Mamut, y los cuatro restantes nos dedicamos a seguir el camino marcado, subiendo a torres, visitando murallas y castillos, con rabia de ver pasar el rato y una ilusión tremenda por aprovechar cada minuto.





Yo iba atrás, haciendo vídeo y sonándome los mocazos cada vez que me era posible. La botella de agua caliente en las lumbares durante el viernes en la silla de la oficina cumplió, y no iba mal. Y, rodeado de monocilíndricos, observaba el funcionamiento de los mismos, y sobre todo la postura de los pilotos sobre las 690 y 701. 





Porque claro, en el campo, qué bien, pero, amigo que soy también de la carretera, de la carga, de alejarme de la ciudad, pues se me quedan escasas de protección y comodidad; Pero, ahí estaban a doscientos y pico kms de Madrid, con equipaje para una noche, moviéndose ágilmente, y ni una queja de ellos sobre el asiento o el pasar las horas en máquinas que vibran más que la Avispa, tienen menos espuma en el asiento, y circulan pecho al viento. 





“¿Me querrían convencer de algo?” Ricardo se unió a nosotros tras bajar de Barcelona todo el día, pasó el sábado subido en la moto, con vuelta a Madrid por secundarias por la tarde, y no abandonó su sonrisa en ningún momento.






Tras visitar una torre, cerca de Rello, fuimos a la que ya conocía yo,aquella  en la que permaneció Almanzor en su muerte. Luego, camino de Berlanga, recorrimos un montón de caminos, subimos a … y de ahí al Burgo de Osma, a comer, junto con Luis. 




Torreznos, morcillica de arroz, y otros manjares. Parar a comer en mesa rompe el ritmo y se alarga el comer más de la cuenta. Soy más amigo de comer en el campo y seguir, hasta que llegue la hora, momento de comenzar la vuelta.

                    



En la mesa comenzaron a salir los comentarios de volver, de cuándo y cómo. “Volver” es una palabra que me lleva si o si a hacerlo, no con prisa, pero ya que hay que volver, y como lo que se iba a hacer, lo que más apetecía y nos movió ya estaba hecho, ¿para qué retrasar más lo inevitable? 






Aitor y yo volvimos por el camino más recto y lo menos aburrido posible, disfrutando del paisaje a 110 km/h, tranquilmente, y el resto finalmente no escogió la vuelta propuesta por Juancar demasiado larga y pesada cuando se habla de vuelta –bajo mi punto de vista-, y lo hicieron por carreteras secundarias más recónditas.






Al final tardaban hora y cuarto más sólo, pero, ese rato me sirvió a mi para visitar a mi padre, de lo que siempre tengo ganas, y volver al garaje a descargar la moto y estar con quienes me apetece a poco que disfruto algo del campo, en moto, en bici, y en este caso, del aliciente de pasar la noche en un pueblo, de la chimenea y en ¡Castilla León!





Gracias Juancar.





Trail por Castilla from Jesus A on Vimeo.